viernes, 15 de octubre de 2010

Los ojos del alma


Lo buscó incansablemente, era el amor de sus sueños.
Lo soñó mucho tiempo, real, perfecto.
Podía ver su color de ojos, oler su perfume, sentir su calor. Hasta que el amanecer, lo esfumaba todo al despertarse.
Sabía que existía en algún lugar de esta tierra.
Vivó su amor en sueños por años, esperando dormirse para estar a su lado.
Un accidente trágico la dejó ciega. El médico que la trató se enamoró perdidamente de ella.
Ella comenzó a notar que conocía ese perfume. Lo tomó de las manos y sintió  correr algo extraño por todo el cuerpo.
Sentía mariposas en la panza cada vez que él se le acercaba.
Sin saber ni como, a los meses estaban viviendo juntos y amándose como locos.
El cirujano le dio esperanzas de devolverle la vista, y así fue.
Mucho más lo amó cuando pudo verlo, se dio cuenta que él fue siempre su amor, el que soñó por mucho tiempo. Su corazón no se equivocó, no necesito sus ojos para elegir el verdadero amor.

lunes, 4 de octubre de 2010

LA PEQUEÑA ROCÍO


Después de varios años de búsqueda, el doctor les notificaba que los malestares que sufría la señora Mendoza,  se debían a que tendría un bebé,  lo cual llenó de alegría a los futuros padres. Por años esperaron que esto sucediera y al fin Dios los bendecía. Enseguida pensaron en nombre y en todas las cosas que comprarían para cuando naciera.  Meses después,  sabían que sería una niña y la llamarían Rocío. El momento del parto llegó y Rocío nació.  Cuando la niña cumplió su primer añito,  comenzó a tener fiebres muy altas, las que nunca pudieron explicarse. Al cabo de unos meses la pequeña Rocío murió. Su madre enloqueció de dolor y su esposo se vio obligado a internarla.
A un año de todo aquello, la señora Mendoza parecía estar mejor y decidieron que regresara a su casa.
Un día golpearon a la puerta y la mujer abrió. Sentada en el escalón había una pequeña, que le extendió los brazos para que la aupara.
La mujer llorando la alzó en sus brazos, la abrazaba,  la besaba y la pequeña se aferró a su cuello como pidiendo protección.
­­__ ¡Mi hija, mi hija ha vuelto!__gritaba.
¡Es mi pequeña Rocío! ¡Mi niña! mi niña ha vuelto.

Al oír los gritos y el llanto de su mujer, el señor Mendoza bajó corriendo las escaleras.
¿Cómo le explicaba a su mujer, que aquella niña no era Rocío?

Seguramente alguien sin corazón, la dejó abandonada en su puerta.
Pero la mujer solo decía que era su hija.
Dio aviso a la policía, la cual decidió llevarse a la niña a un orfanato.
Allí le hicieron varios análisis y la vieron los médicos para constatar que la niña estaba bien.
Solo le encontraron una mancha con forma de corazón en su piel.
Después de muchas investigaciones, nunca se supo quien  abandonó a la niña.

El matrimonio Mendoza quería adoptarla, pero antes la mujer dijo: __Háganle un ADN y se darán cuenta que es mi hija.
En una de las visitas a la niña, la mujer le levantó la ropa y le dijo a su esposo:
__ ¿Ves? Es la mancha de Rocío.
El hombre quedó mudo, ya que su hija también tenía aquel pequeño corazón marcado en su piel.
No era posible. Entonces él, apoyó a su mujer y pagó un ADN.

A los dos meses, les entregaron a la niña, la que ellos llamaron Rocío. Por que los resultados del ADN decían que esa niña era hija de ellos.